BUSCAR en este Blog

viernes, 19 de mayo de 2017

Andrew Hamilton - Pan-Nacionalismo



     Hace seis años se publicó en counter-currents.com este artículo de Andrew Hamilton que hemos traducido ahora, donde habla de variadas corrientes nacionalistas contemporáneas, pero mayormente de los movimientos inclusivos amplios, que consideran dentro de sus ambiciones la reagrupación de pueblos unidos especialmente por la genética, el idioma y la cultura, y sus diferencias con otros que sólo consideran la uniformidad lingüística como su base.


Pan-Nacionalismo
por Andrew Hamilton
6 de Mayo de 2011



"Para dar en el blanco, apuntamos encima del blanco"
(Ralph Waldo Emerson, "Nature", en Ensayos, Segunda Serie, 1844).


     El nacionalismo, así como el orgullo y la conciencia racial, son fuerzas unificadoras potencialmente poderosas. El profesor de Historia de la Universidad de Columbia Carleton J. H. Hayes, un opositor del nacionalismo europeo, veía al nacionalismo como una forma de religión (Hayes, Nacionalismo: Una Religión, 1960). La raza posee un poder místico similar; en realidad, un poder mayor que el nacionalismo. La experiencia alemana demuestra cuán importante puede ser la raza como una fuerza unificadora y movilizadora.

     Los judíos, los gobiernos y las élites perciben la conciencia racial de los Blancos como profundamente hostil a sus ambiciones. Por lo tanto ella es demonizada, patologizada y brutalmente reprimida, en flagrante violación de la ley y de los derechos humanos básicos. En marcado contraste, el chauvinismo judío y cada forma de racismo anti-Blanco es alabado, nutrido e institucionalizado porque eso concede un poder enorme a grupos de no-Blancos.


La Opción Pan-Nacional

     Hay niveles diferentes y naturales de agrupamiento dentro del homo sapiens que resultan de la geografía, los patrones reproductivos, la historia demográfica, el idioma, la diferenciación cultural, etcétera. Esos patrones de diferenciación existen no sólo entre las principales razas de la Humanidad sino dentro de cada raza también. Por consiguiente, las razas y las sub-razas forman un sistema de jerarquías estructuradas. Los nacionalismos en los diversos niveles, como el nacionalismo bretón (un mini-nacionalismo), el francés (nacionalismo de escala completa), o el pan-eslavo (macro-nacionalismo), son reflejos políticos de esta realidad biológica subyacente.

     Los movimientos pan-nacionales —macro-nacionalismos— proporcionan ejemplos históricos de los tempranos intentos de los europeos por construír lealtades e instituciones políticas a través de los límites nacionales existentes. Ellos pueden sugerir modos de consolidar recursos genéticos y culturales para crear identidades más inclusivas mientras se preservan elementos claves de la particularidad étnica y lingüística firmemente arraigada en la Historia.

     El objetivo último sería la fusión de las numerosas etnicidades y nacionalidades Blancas en un puñado de régimenes unitarios, étnicos, lingüísticos y culturales de gran escala: nórdico, europeo centro-occidental, europeo centro-oriental, europeo meridional, y "pan-anglo" (anglo-parlantes en cuatro continentes). Esos régimenes se unirían a su vez mediante una federación o confederación, a la vez que retendrían un grado de autonomía.

     El pan-nacionalismo es un súper-nacionalismo, "nacionalismo a una escala mayor", el nacionalismo llevado al siguiente nivel. Un judío historiador del nacionalismo, Louis L. Snyder, lo definió como sigue:

     «El nacionalismo es ampliado en significado, influencia y alcance para incluír todo (pan) lo que por razones de raza, geografía, religión o lengua, o por una combinación de algo o todo eso, se considera que pertenece a la misma categoría. El "grupo-nosotros" ve su unidad como incluyendo a todos aquellos que "deberían" pertenecer a la Patria. Los pan-movimientos agruparon a todos aquellos que tenían un sentimiento nacional similar y que creían que se debían unos a otros».

     Un importante hecho sobre el macro-nacionalismo del siglo XIX y principios del XX es que floreció antes de que la comprensión científica de la raza se hubiera desarrollado totalmente. Por lo tanto, la raza en el sentido moderno no era típicamente un componente ideológico primario de la filosofía pan-nacionalista, como debe serlo hoy.

     Una breve visión general de algunos macro-nacionalismos históricos y contemporáneos proporcionará una percepción concreta de la idea. Significativo por su ausencia es cualquier pan-movimiento de la Europa meridional, la única región principal de Europa no representada. Si eso se debe a alguna subyacente carencia de cohesión racial, histórica, política, lingüística o cultural en la región, o a algún otro factor, no es claro. Podría ser el resultado de hechos fortuitos.


Pan-Eslavismo

     El pan-eslavismo [1], la doctrina que los eslavos deberían abrazar en una medida de solidaridad política tan grande como les fuere posible, es el movimiento macro-nacionalista más antiguo y uno de los más grandes, que surgió a principios del siglo XIX. En parte estaba basado en el parentesco notablemente cercano que existe entre los diversos idiomas eslavos. Su inspiración inicial estuvo en las ideas y los escritos de los Románticos alemanes, incluyendo a Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, Georg W. F. Hegel, y en particular a Johann Gottfried von Herder, cuyas obras alababan al Volksgeist eslavo.

[1] http://www.encyclopediaofukraine.com/pages/P/A/Pan6Slavism.htm

     Se ha dicho que el pan-eslavista Jan Kollár (1793-1852), un eslovaco luterano y autor del poema épico Slávy dcera (La Hija de Slava), creía que las tribus eslavas constituían una sola raza, el "pueblo eslavo".

     Para que funcionara el macro-nacionalismo basado en la raza, tendría que ser inculcada una noción análoga dentro de cada uno de los movimientos pan-nacionales. Cada pan-identidad "local", por su parte, tendría que aceptar una coincidente identidad racial "Blanca", uniendo psicológica y emocionalmente a los Blancos en todos los diversos movimientos a la vez que diferenciándolos de los forasteros raciales.

     Durante finales del siglo XIX los rusos llegaron a dominar el debate acerca de los objetivos y la razón fundamental del pan-eslavismo, causando fricción y rencor entre las nacionalidades eslavas más pequeñas de la coalición. La intrusión de los intereses dinásticos y estatales rusos dificultó la realización de los ideales pan-eslavos.

     Los pan-eslavistas rusos alteraron la base teórica del movimiento al promover la racialmente divisiva noción eslavófila de que Europa occidental estaba espiritual y culturalmente en bancarrota, y el que era la misión histórica de Rusia rejuvenecer a Europa consiguiendo el dominio político sobre ella. (Doctrinalmente, la eslavofilia debe ser distinguida del pan-eslavismo).

     Las contra-corrientes intelectuales del pan-eslavismo incluían a algunas que propagaban una ideología asiática. En 1921 Lothrop Stoddard se quejó de que esa orientación "oriental" era un "dogma mórbido y místico de que Rusia era asiática y no europea". Ese foco anti-Blanco ha surgido de nuevo entre los eurasianistas del siglo XXI. (Testigo, el comentario de Guillaume Faye: «"Eurasia" descuida la unidad étnica de la Gran Europa y considera a los rusos como asiáticos, lo que ellos no son»).

     Un principal intelectual pan-eslavo ruso fue Nikolay Danilevsky (1822-1885), cuya obra "Russia and Europe: A Look at the Cultural and Political Relations of the Slavic World to the Romano-German World" (Rossiya i Europa, 1869) le granjeó fama internacional. Su teoría civilizacional, la primera filosofía que veía a la Historia como una serie de civilizaciones "orgánicas", prefiguró a la de Oswald Spengler. Danilevsky creía que diez tipos histórico-culturales identificables eran parecidos a organismos biológicos y pasaron por ciclos de vida predeterminados, incluyendo juventud, adultez y vejez. Las civilizaciones "eslava" y "romano-germana" eran claramente distinguibles, según Danilevsky. El mundo eslavo debería unificarse, estableciendo su capital en Constantinopla (Estambul, Turquía).

     Al igual que los otros pan-nacionalismos del siglo XIX, el pan-eslavismo perdió impulso después de la Primera Guerra Mundial. El triunfo del comunismo en Rusia acabó con el liderazgo ruso del movimiento, y las nuevas fronteras dibujadas en Versalles crearon Estados con poblaciones minoritarias más pequeñas, consiguiendo muchos objetivos eslavos.

     Académicos ucranianos han descrito un breve aumento del pan-eslavismo bajo los auspicios soviéticos en los años '40:

     "Un esfuerzo concertado fue hecho por las autoridades soviéticas en los años '40 para revivir los sentimientos pan-eslavos, y en 1941 ellos apoyaron la creación del Comité Exclusivamente Eslavo, y organizaron el Congreso Exclusivamente Eslavo en Moscú. De manera similar, comités exclusivamente eslavos fueron establecidos en el Oeste como organizaciones de fachada del Partido Comunista de la Unión Soviética. Aquellos esfuerzos eran más una extensión de la política exterior soviética que reflejos del sentimiento popular. El empuje pan-eslavo fue dejado caer por los soviéticos después de su ruptura con la Yugoslavia de Josip Bros Tito en 1948".


Pan-Germanismo (Pangermanismus, Alldeutschtum)

     Otro importante macro-nacionalismo europeo fue el pan-germanismo, cuyos orígenes están en la guerra de liberación contra Napoleón I de 1813-1815. Se desarrolló particularmente durante los primeros años del Segundo Reich. Como otros macro-nacionalismos del siglo XIX, al principio se formó alrededor de la comunidad de idioma y cultura. Sin embargo, el significado primario del movimiento como un ejemplo instructivo es su pronunciada orientación biológica y anti-judía, única entre los macro-nacionalismos.

     Fuera de Alemania, el "pan-germanismo" fue atacado por escritores anti-alemanes como Austin Harrison en Inglaterra, André Chéradame en Francia y Roland Usher en Estados Unidos.

     El pan-germanismo procuraba unir a un pueblo (Volksdeutsche). Antes de 1914 había 15 millones de alemanes viviendo fuera de las fronteras del Reich, principalmente en Austria-Hungría y Rusia.

     El movimiento está cercanamente asociado con el programa de la Liga Pan-Germana, que excluía a los judíos entre sus miembros. La Liga nunca fue muy grande. En su auge en 1901 tenía sólo 21.924 miembros, llegados principalmente de círculos académicos y profesionales, y nunca tuvo más de 8.300 suscriptores de su principal publicación. Los 59 miembros de la Liga que sirvieron en el Reichstag entre 1894 y 1914 han sido descritos como "primero hombres de partido, y luego miembros de la Liga". Una fuente estadounidense de 1943 declara que el presupuesto anual de la Liga era "alrededor de 20.000 dólares", pero sin identificar el período o año al que se refería. Si 1943 es usado como referencia, eso representaría hoy aproximadamente 258.000 dólares, pero, insistamos, el período de tiempo no es claro. Es instructivo que una organización voluntaria comparativamente modesta como aquélla pudiera sin embargo haberse constituído como una fuerza social e histórica tan potente.

     El pan-germanismo era influyente en Austria por medio de las actividades de los activistas anti-judíos Georg von Schönerer y el alcalde de Viena doctor Karl Lueger. El pan-germanismo austriaco dejó una profunda impresión sobre Adolf Hitler en sus primeros años.

     Aparentemente agotado después de la Primera Guerra Mundial, el pan-germanismo floreció nuevamente bajo los auspicios nacionalsocialistas. El libro Mein Kampf (1925-1926) ha sido llamado "la primera expresión [post-1ªGM] del pan-germanismo redivivo". Adolf Hitler, un auto-reconocido pan-germano, puede haber debido más al pan-germanismo que a cualquier otra ideología o movimiento político. La política exterior NS fue desde su inicio sustancialmente la defendida por la Liga Pan-Germana durante medio siglo.

     A pesar de su importante orientación biológica, el pan-germanismo NS en último término resultó ser más nacionalista que racista, provocando una enorme lucha entre la gente Blanca. A fin de cuentas, como Lothrop Stoddard mordazmente observó en 1921, "los pan-germanos estaban pensando en términos de nacionalidad en vez de raza". Éste, por supuesto, es el peligro común representado por todos los nacionalismos Blancos, grandes o pequeños. Es por eso que es tan crítico fomentar una identidad Blanca de igual alcance.

     El pan-germanismo de Hitler tiñó todas las políticas de guerra de Alemania. El resultado fue una mentalidad de conquista frente a los otros europeos. Eso se mostró sobre todo en la insensata hostilidad de Alemania hacia los eslavos. Las doctrinas anti-eslavas de Alemania no pueden ser explicadas por la antropología física o la genética demográfica, sino que son comprensibles sólo como una expresión de un nacionalismo mal conceptuado. La verdad es que importantes figuras en el Reich desaprobaron las políticas, pero el pan-germanismo de Hitler no podía ser frustrado.

     La derrota en 1945 puso un final a la hegemonía europea de Alemania, a la pérdida de extensos territorios en la frontera del Este de Alemania, a la división de lo que quedaba de la nación en dos Estados, y a la masiva limpieza étnica de alemanes de enormes áreas de Europa del Este.


Los Pan-Anglos

     En "The Pan-Angles: A Consideration of the Federation of the Seven English-Speaking Nations" (1914) [2] (y, más tarde, en "Why Federate?", de 1941, sobre el mismo tema) Sinclair Kennedy (1875-1947) [3] instó a la federación de 140 millones (en 1914) de Blancos de habla inglesa dispersos en todos los sectores del planeta como la mejor, y quizá la única, manera de retener el poder y el nivel de vida que ellos habían conseguido.

[2] http://anglosphere.com/weblog/archives/000190.html
[3] http://www.auspostalhistory.com/articles/1691.shtml

     Las siete naciones de habla inglesa referidas en el título de Kennedy son Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Terranova (que permaneció independiente de Canadá hasta 1949), Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Véase el mapa del libro [4].

[4] https://www.counter-currents.com/wp-content/uploads/2011/05/pa_map_50percent.jpg

     Kennedy observó: "Si un viajero inteligente de Marte fuera a recorrer la Tierra hoy, él anotaría en su cuaderno que Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, Terranova, Canadá, las islas británicas y Estados Unidos estaban todos habitados por la misma clase de gente". Esta observación captura perfectamente la lógica detrás del pan-nacionalismo: unidad en vez de división.

     Kennedy describió su libro como una "apelación familiar" a hombres que "visualizaban la raza entera sin perder de vista su fragmento local", que "veían la necesidad de bloquear las fricciones intra-raciales a fin de mantener nuestra supremacía inter-racial", y que "se adherían al ideal de hombres de habla inglesa orgullosos de su raza".

     Una de las inmensas virtudes de la idea pan-anglo es la ventaja estratégica global que confiere, con importantes naciones Blancas y masas continentales situadas en cada parte del globo. Esos puestos de avanzada podrían servir como bastiones planetarios para todos los miembros de la raza blanca, sin considerar la particular familia nacional a la que ellos pertenecen.


Pan-Nordicismo

     El pan-nordicismo, o pan-escandinavismo, fue un movimiento en favor de la mayor unidad entre los pueblos de Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Groenlandia y las islas Faroe, entre la década de 1840 y la Segunda Guerra Mundial.

     En tiempos contemporáneos, Louis Snyder, entre otros, ha comentado acerca de la estrecha cooperación entre las naciones nórdicas, que "buscan la ventaja por medio de la acción común, como si ellos pertenecieran a una familia. La imagen comunicada es una de unidad fraternal". La cooperación ocurre por medio del Consejo Nórdico, un bloque nórdico en Naciones Unidas, y otros canales. Snyder resumió:

     "En un mundo cargado por amargas diferencias entre pueblos, los escandinavos presentaron una idea de unidad. Sin embargo, cada uno de los cinco Estados se ve como independiente, pero al mismo tiempo están dispuestos a trabajar estrechamente unos con otros. La identidad nacional nunca es sumergida. Esta actitud es rara entre los macro-nacionalismos, que han permanecido ineficaces debido a rivalidades entre sus miembros".


Pan-Europa

     Una Europa unida ha sido durante mucho tiempo el sueño de élites anti-Blancos, que en años recientes han erigido un Estado racista, trans-europeo y cuasi totalitario hostil a los intereses de los Blancos. Un temprano defensor ideológico de Pan-Europa (1923) [5], Richard Coudenhove-Kalergi (un híbrido japonés-flamenco-griego) aborrecía el nacionalismo Blanco, una mentalidad característica del nuevo orden "europeo". Al igual que los Estados-naciones existentes, la Unión Europea ha adoptado una "migración de reemplazo" [6], represión de los Blancos, xenofilia y supremacismo semítico como sus principios unificadores. Se trata de un motor consciente y voluntarioso del genocidio.

[5] http://www.historiasiglo20.org/europe/anteceden.htm
[6] http://www.un.org/esa/population/publications/ReplMigED/migration.htm

     En contraste con esta abominación, es instructivo yuxtaponer una visión histórica diferente, la del Reichsführer-SS Heinrich Himmler, como fue expresada en una reunión en 1944, registrada por el Jefe de Estado Mayor de la Legión Letona de la SS:

     "El presente exige que cada oficial SS, sin tener en cuenta su nacionalidad... debe contemplar el espacio vital entero de la familia de naciones germanas. [Himmler luego singularizó a aquellas naciones que él consideraba como pertenecientes a la familia germana: los alemanes, los holandeses, los flamencos, los anglosajones, los escandinavos y los pueblos bálticos]. Combinar todas aquellas naciones en una gran familia es la tarea más importante actualmente. Es natural en este proceso que la nación alemana, como la más grande y la más fuerte, deba asumir el papel principal. [Pero] esta unificación tiene que ocurrir de acuerdo al principio de igualdad... [Posteriormente] esta familia... tiene que asumir la misión de incluír a todas las naciones romanas, y luego a las naciones eslavas, porque ellas también son de la raza blanca. Es sólo mediante la unificación de la raza blanca que la cultura occidental podría ser salvada del peligro que representa la raza amarilla.

     "En este momento, las Waffen-SS están liderando en este respecto porque su organización está basada en la igualdad. Las Waffen-SS comprenden no sólo unidades germanas, romanas y eslavas sino incluso islámicas... luchando en una cercana unión. Por lo tanto es de gran importancia que cada oficial Waffen-SS reciba su formación en el mismo colegio militar".

     Pan-Europa también ha sido defendida por elementos de la Derecha nacionalista post-2ªGM, incluyendo el Movimiento Social Europeo (ESM) y su rama racialista el Nuevo Orden Europeo (NEO, fundado por René Binet y Gaston-Armand Amaudruz), Europa una Nación del inglés Oswald Mosley (y la revista The European) y el relacionado Partido Nacional de Europa (NPE), el Frente de Liberación Europea de Francis Parker Yockey (y su manifiesto La Proclamación de Londres, 1949), y la Jeune Europe del belga Jean Thiriart. (Posteriormente Thiriart se convirtió al eurasianismo).


Eurasianismo

     El término "eurasianismo" tiene una variedad de significados. Básicamente, afirma representar una síntesis única de principios europeos y asiáticos. Se hace una distinción entre el "eurasianismo clásico" de los años '20 y '30, y el "neo-eurasianismo" de hoy.

     Es digno de citar un iluminador resumen del eurasianismo clásico debido a su pertinencia para la construcción de una federación intercontinental Blanca:

     "En la visión de los euroasiáticos [clásicos], la elemental oposición entre Europa y Rusia era trascendente y un hecho de la vida para todos los tiempos. En un sentido muy literal, las dos eran mutuamente antitéticas, ya que Rusia-Eurasia se definía precisamente en términos de sus distinciones y diferencias con Occidente. Una vez más, los euroasiáticos clásicos describieron esas diferencias en el lenguaje familiar de la tradición nacionalista rusa, es decir, en términos que eran esencialmente morales, éticos y civilizacionales: la espiritualidad de Rusia, su tolerancia y colectividad social (ahora, desde luego, dando un giro distintivamente euroasiático), contra la individualidad, el materialismo y la violencia colonialista de Europa. Huelga decir que nunca ha habido ningún pensamiento en absoluto en cuanto a que las dos regiones alguna vez podrían, o en realidad deberían, superar sus diferencias y procurar conseguir una especie de reconciliación más alta. Los modelos histórico-mundiales ni de Danilevskii ni de Spengler proporcionaron ningún precedente para esta clase de universalismo, y los euroasiáticos clásicos no vieron ningún atractivo en ello. Muy por el contrario, el objetivo último era llevar a cabo una desconexión de Europa tan completa como fuera posible y desarrollar Eurasia como una alternativa práctica a aquélla" [7].

[7] http://src-h.slav.hokudai.ac.jp/coe21/publish/no17_ses/14bassin.pdf

     Por cuanto esta forma de anti-occidentalismo sigue presentándose en círculos intelectuales rusos, debe señalarse que cualquier teoría como ésta es hostil a, e incompatible con, una cosmovisión racial en la cual los rusos y otros eslavos son considerados como miembros integrales de la comunidad Blanca global, descendientes comunes de los indoeuropeos originales.

     Un famoso neo-eurasianista es el ruso Aleksandr Dugin, nacido en 1962. Su pensamiento ha tenido alguna influencia sobre elementos de la élite rusa. En Occidente él es invariablemente descrito como un "fascista" y un "anti-judío" tanto por publicistas conservadores como izquierdistas.

     La principal idea de Dugin es la oposición al proyecto "atlantista" de post-Guerra Fría de Estados Unidos para conseguir la dominación global mediante un Nuevo Orden Mundial unipolar. La tarea histórica más importante del eurasianismo es proporcionar al mundo una plataforma común para la lucha contra el atlantismo estadounidense.

     Según John B. Dunlop, de la Hoover Institution, en "Fundamentos de Geopolítica: El Futuro Geopolítico de Rusia" (Osnovy geopolitiki: Geopoliticheskoe budushchee Rossii, 1997), Dugin aboga por la reabsorción rusa de la mayor parte de las posesiones de la época soviética y, a largo plazo, la finlandización de Europa bajo la hegemonía rusa. En el Este, Dugin visualiza una acomodación rusa con Japón en contra de China, y la cesión de su influencia sobre varias naciones del Sudeste asiático, incluyendo Australia y Nueva Zelanda, en favor de China, como compensación por el desmantelamiento de las regiones chinas del Norte a lo largo de la frontera con Rusia. Finalmente, él busca una alianza ruso-iraní y la desestabilización de Turquía.

     Un joven académico alemán cuya obra puede ser sospechosa (él escribe polémicamente, usando la ampulosa retórica del odio judío), afirma que Dugin

     "admite abiertamente que sus ideas principales están basadas en conceptos no-rusos y anti-democráticos como el Tradicionalismo integral europeo (René Guénon, Julius Évola, Claudio Mutti, etc.), la geopolítica occidental (Alfred Mahan, Halford Mackinder, Karl Haushofer y otros), la Revolución Conservadora alemana (Carl Schmitt, Ernst Jünger, Arthur Moeller van der Bruck, etc.), y la francófona Nueva Derecha (Alain de Benoist, Robert Steuckers, Jean Thiriart)" [8].

[8] http://www.globalpolitician.com/

     En cualquier caso, el eurasianismo de Dugin, que no está basado en la raza, parece ser una forma de nacionalismo de la Gran Rusia más bien que pan-nacionalismo. Hasta el grado en que él desea frustrar las ambiciones globalistas de los judíos Estados Unidos (Dugin claramente no lo percibe como tal, pero eso es lo que son), su eurasianismo puede ser "positivo", pero sólo en términos de política de poder pasada de moda.

     Un contrastante pan-nacionalismo euroasiático basado en la raza es la "Euro-Siberia" [9] propuesta por el periodista francés Guillaume Faye.

[9] https://www.counter-currents.com/2010/08/faye-on-eurosiberia/

     Faye escribe que "Las amenazas comunes de inmensa magnitud contra nuestra identidad y nuestra supervivencia" requieren "una metamorfosis histórica" en las relaciones intra-europeas, "una ruptura con la estrecha lógica egoísta y suicida de los Estados-naciones que han dividido a la gente europea".

     «Es necesario concebir una EuroSiberia etnocéntrica y autocéntrica, es decir, una alianza de toda Europa Central y peninsular con Rusia, desde el extremo de Bretaña hasta el Estrecho de Bering. El objetivo es la formación de un Imperio federado que sea étnicamente homogéneo y económicamente independiente, autárquico. En este espíritu, Rusia estaría en el centro de tal conjunto, que sería el más poderoso y el más imponente en el planeta. Esta idea está obviamente opuesta a la de "Eurasia", que descuida la unidad étnica de la Gran Europa y considera a los rusos como asiáticos, lo que ellos no son. Eurosiberia debe ser fundada sobre el principio de la "separación de los pueblos". Cada uno en su lugar, y en buenas relaciones con sus vecinos, de ser posible».

     En un mundo de "bloques de naciones y civilizaciones luchando unas contra otras por la supervivencia... será necesario para Eurosiberia considerar el aliarse con toda la gente Blanca de origen europeo en el siglo XXI, ya sea que vivan en el continente americano o en otras partes".

     La convicción de Faye de que "las muy antiguas rivalidades históricas y nacionales entre todos nuestros pueblos deben ser dialécticamente superadas y reeplazadas por una unidad global", expresa perfectamente el ideal del pan-nacionalismo etnocéntrico.


La Raza, No la Lengua o la Cultura, Es lo Supremo

     Desde la perspectiva de hoy, el principal defecto del macro-nacionalismo histórico es la ausencia de una conciencia racial o un fundamento étnico. Típicamente, los pan-nacionalistas del siglo XIX se enfocaban en el idioma y la cultura más bien que en la raza. La lengua no es una base adecuada para un etno-Estado, porque cualquier grupo de gente racialmente foránea puede hablar cualquier idioma europeo, y hoy lo hacen.

     Durante el auge del macro-nacionalismo, la ciencia racial y la conciencia de ser Blanco no fueron totalmente desarrolladas. Ese defecto fue compensado hasta cierto punto por el hecho de que la raza, la etnicidad y el nacionalismo estaban todavía estrechamente correlacionados. Sin embargo, la carencia de una clara identificación racial creó problemas.

     El pan-americanismo (la unidad hemisférica de Norte y Sudamérica) no ha tenido (ni tiene) nada que la recomiende salvo la geografía, lo que lo hace muy atractivo para la llamada mente "liberal". El pan-americanismo reproduce en el nivel "pan" las contemporáneas pretensiones "nacionalistas" únicamente de geografía de los dirigentes de los Estados ex-europeos. No es sorprendente que la idea disfrutara de un favor especial durante la administración de Franklin Roosevelt.

     El pan-americanismo no tiene ninguna base en una raza, pertenencia étnica, idioma o cultura comunes. Geográficamente, gran parte de Estados Unidos está más cercano a Europa que a la mayor parte de Iberoamérica. Es falaz sostener que las Américas están unidas simplemente debido a la proximidad hemisférica.

     Una complicada constelación de pan-movimientos competidores en la periferia demográfica y geográfica de Europa fueron tres macro-nacionalismos rivales en Turquía: el pan-otomanismo, la tentativa de unir a todos los pueblos del Imperio otomano (turcos, árabes, griegos, albaneses y judíos) en una nacionalidad súper-otomana; el pan-turquismo o pan-turanismo, que proclamaba la unidad en idioma, pensamiento y acción de todos los pueblos de habla túrquica; y el pan-islamismo, que llamaba a la unión de todos los musulmanes. Es interesante notar que en los años '30 y '40 había una significativa simpatía por la Alemania NS entre los pan-turcos.

     El pan-hispanismo procuraba unir a todos los pueblos de habla castellana, incluyendo las poblaciones híbridas de Hispanoamérica. El pan-lusitanismo, también centrado en el idioma, apuntaba a los pueblos del antiguo Imperio portugués: el multirracial Brasil en Iberoamérica, Goa en India, y las islas del Cabo Verde, Angola, Guinea portuguesa y Mozambique en África.

     Hoy, la condición explícita de Blanco es una exigencia obligatoria para todos los nacionalistas, micro, mini o macro, quienes reconocen la necesidad suprema de la preservación racial. En circunstancias históricas diferentes éste no sería necesariamente el caso, pero es la cuestión dominante de nuestro tiempo. No hay ninguna necesidad de repetir los errores del pasado en este aspecto.


Conclusión

     Los fracasos pasados del pan-nacionalismo no son determinantes. Él encalló en el nacionalismo todavía vigoroso de su época. Pero después de la destrucción deliberada de naciones cultural, religiosa y étnicamente homogéneas, el nacionalismo en el antiguo sentido es una fuerza ya gastada. Las naciones contemporáneas equivalen a poco más que límites geográficos que definen las respectivas jurisdicciones de las élites totalitarias locales.

     De ser exitoso, el pan-nacionalismo podría reducir considerablemente la excesiva fragmentación política, cultural, lingüística y étnica y el antagonismo intra-Blancos del pasado, realzando la capacidad de los Blancos de cooperar como grupo. Eso también reuniría el material genético cada vez más precioso a medida que la raza blanca continúa su implosión demográfica. Incluso observadores Blancos simpatizantes no entienden totalmente cuán extremo es el colapso demográfico ya totalmente cocinado, incluso bajo las más favorables de las circunstancias. Es esta crisis sobre todo la que obliga a la renuncia de algún grado de particularidad étnica, cultural y lingüística para asegurar la supervivencia colectiva.

     Una federación intercontinental genéticamente basada, o la confederación de regímenes unitarios, en gran escala, étnicos, lingüísticos y culturales, nórdicos, europeos centro-occidentales, europeos centro-orientales, europeos meridionales y pan-anglos, es bastante apropiada para las necesidades y condiciones contemporáneas. Las fronteras geográficas del nuevo orden mundial corresponderían a sus fronteras raciales una vez que todos los elementos minoritarios hayan sido separados y devueltos a sus patrias o establecidos en unas nuevas.

     Se ha argumentado que lo que la mente del hombre puede concebir y creer, aquello puede conseguir. Antes de que un orden racial Blanco de cualquier clase se manifieste en la realidad, debe ser visualizado en las mentes de los hombres.–





1 comentario:

  1. Dugin es un antiblanco recalcitrante,hace poco lei frases suyas demostrando un odio a los blancos y su civilizacion tremendas,menuda sabandija nazbol que esta hecho.

    ResponderEliminar